El Psicoanálisis y la vejez: La depresión en Adultos Mayores

Publicado: diciembre 2, 2011 en Arts. Jorge Camiro Bobadilla
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El Psicoanálisis y la vejez:

La depresión en Adultos Mayores

Por: Lic. Jorge Camiro Bobadilla

Indudablemente, el concepto de vejez ha cambiado conforme va cambiando nuestro concepto de cultura, hace algunas décadas los viejos se encargaban de transmitir conocimientos y, por lo tanto, eran generadores de percepción y ciencia. Actualmente el concepto de vejez es asociado a ciertos prejuicios enlazados con la enfermedad, la rigidez, el aislamiento, el mal humor, todas aquellas adjetivaciones peyorativas que marginan y aíslan al viejo. Éste prejuicio está relacionado con el horror que a muchos puede producir la realidad a la que todos nos acercamos con cada segundo de vida que pasamos, así como unos grados de ignorancia lo que significa e implica envejecer, a esto en otras palabras podemos adjudicarle una categoría de creencia, de la cual todas las ciencias pretenden alejarse, afirmando que una creencia ya no habla en términos de Validez ni Verdad.

Cuando llega la hora de hablar de un Psicoanálisis en la vejez nos enfrentamos con una dualidad, el psicoanálisis que lo ve posible y el psicoanálisis que ve imposible una terapia a causa de las limitantes que los adultos mayores por su “rigidez” cerebral, como Freud mencionaba, ellos, los que lo ven imposible, coinciden que a los “viejos” se les ve dificultada la capacidad de asociar libremente, así como también acostarse en el diván y otra serie de problemas relacionados con el encuadre psicoanalítico, sin embargo, los que afirman en la posibilidad de este tratamiento en viejos, mencionan que sí es posible aplicarlo en toda su magnitud, incluyendo a todos aquellos de edades muy avanzadas.

“Los viejos sueñan, los viejos producen lapsus y actos fallidos, es decir, los viejos siguen produciendo formaciones inconscientes, y nosotros como analistas deberíamos interpretarlas”(1).

También afirman que debe explicárseles como funciona el psicoanálisis, en que consiste una asociación libre junto con su importancia, la interpretación de los sueños y todo el proceso psicoanalítico. Es cierto que la mayoría de los adultos mayores se resisten a usar el diván, pues necesitan controlar situaciones, más que otros pacientes, especialmente las actitudes y gestos del analista, pero esto también lo vemos reflejado en pacientes adultos, jóvenes y niños, por lo tanto esto no implica que muchos viejos no disfruten y se concentren hablando de sus problemas acostados.

Existen muchos adultos mayores que pertenecen a una clase denominada “clase pasiva”, pues resulta que son más activos que muchos jóvenes, lamentablemente en muchas ocasiones son olvidados, marginados, y tratados cual objeto común. Se destaca, también, que los viejos necesitan “más presencia del analista”, la atención prestada por el analista, las preguntas, el interés demostrado, hasta a veces la mirada dirigida a ellos, producen constantemente efectos de menosprecio, hecho que los acerca al mismo lugar en el que la sociedad los coloca, obviamente dependiendo de la evolución del psicoanálisis, pues en toda terapia psicoanalítica la atención entrenada del analista es indispensable, cada paciente, niño, joven, adulto y viejo reacciona diferente al tratamiento psicoanalítico.

La posición del viejo, contador de historias, ha cambiado, por esta razón los tratamientos terapéuticos en ellos son altamente beneficiosos en relación al arte de transmitir, tan necesario en adultos mayores, permitiéndoles así encontrarse en un lugar de “creatividad” generando herederos sociales, más allá de lo biológico, esto tiene que ver con la posibilidad de “entregar la antorcha a la generación siguiente”.

Recapitulación histórica

En 1909, Ignaz Nasher inicia el concepto de Geriatría, era claro el aumento del verdadero envejecimiento de la población en Europa, había una insistencia en este reconocimiento que claramente era perceptible. El cuerpo del viejo se presentaba “como separado”, es decir marcando un punto diferencial en la anatomía, requiriendo una especialización profesional y considerando que el problema central era la degeneración progresiva de las enfermedades que definen su estado de envejecimiento y su percepción social de desfalleciente o moribundo. “Envejecer fue en si mismo una fuente de alteraciones orgánicas inevitables conocidas como vejez” (Haber 1986, 76).

Actualmente la afamada ciencia médica reduce al viejo a una relación entre el cuerpo superficial y su interior: “Lo que se diga en adelante de la vejez dependerá de lo que pueda ser visto en su cuerpo” (Kats, 1996).

El viejo, suele adoptar la forma plástica del síntoma histérico que lo lleva a adoptar con mayor frecuencia el estilo de locura dominante que se halle en su cultura.

Las demencias, en los que cada viejo es juzgado, en los campos del saber, como sospechoso de poseer algunas de las grandes enfermedades diagnosticadas actualmente (todo viejo es, en potencia un posible demente), desde las viejas nominaciones de “viejo senil” o “arteriosclerótico”, que a pesar de darse raramente, sin embargo, resultan de aplicación masiva a manera de diagnóstico, generando con ello una desestima de la palabra y del juicio del viejo.

El término alzheimerizado, actualmente, es objetivado, muchas veces injustamente, pero sirve socialmente para sacar a este sujeto de la vía de sus deseos, ya que éstos dependerán de una institución, o del puro capricho del Otro, al viejo ya no se le permite desear, deseará entonces lo que quieren los otros que desee.

La edad, sabemos bien, no nos sirve como una variable para diagnosticar una Pseudodemencia, lo único para que nos sirve es para poder comunicarse entre científicos, esta patología, nos permite conocer cómo ciertos fenómenos considerados “extraños”, cuando se dan en viejos, rápidamente se los califica como emergencia de un cerebro dañado, distinto, etc., sin haber llevado a fondo una investigación profunda analítica.

Cuando leemos literatura mundial vemos que, sin argumentaciones formales se ataca fuertemente al psicoanálisis como recurso terapéutico aplicable en las personas viejas. No se objeta a las terapias cognitivas, a los sistémicos ni a los jungianos, solo el psicoanálisis  es criticado tajantemente, específicamente a los aspectos técnicos: la duración, el uso del diván, la interpretación transferencial, olvidando que el psicoanálisis es una teoría, una técnica y un método de investigación, características de toda ciencia formal. La Geriatría objeta específicamente al psicoanálisis en sus aspectos operativos, acción que llama la atención pues fue el mismo Freud que escribió un libro llamado “Resistencias al Psicoanálisis”, es decir, va más allá del psicoanálisis en viejos, sino por elevación en contra del psicoanálisis en general, resistencia que existe en muchos ámbitos. La pregunta entonces cambia de  ¿Es posible o no un Psicoanálisis? a ¿Habrá que hacer modificaciones a la técnica? bien, una respuesta posible es que si se hacen cambios en el análisis de niños con respecto al de adultos, ¿Por qué no al de viejos?

Un psicoanálisis específicamente se trata de una escucha, pero no es cualesquier escucha, es una escucha analítica. Plantarse frente a una persona con una escucha analítica, un psicoanalista entrenado, puede instrumentar esta relación de la mejor manera posible, sin olvidar que hay muchas personas viejas funcionan perfectamente en un diván, hay otras que no, con esas que no, hay que aplicar nuevas técnicas. “No depende de la edad, depende de la estructura del sujeto y cómo se arme la relación con el terapeuta…”

Cualesquier persona que desee trabajar en el campo Geriátrico, Gerontológico debe estudiar muy a fondo la formación en que debe consistir el objeto de estudio y tiene que escuchar al sujeto que tienen enfrente.

Ser viejo no es estar más cercano a la muerte, “La gente no se muere más cuando es vieja, se muere más cuando está en la mediana edad, cuando es más joven. Los viejos son los supervivientes de un montón que arrancaron juntos, pero que se han ido quedando por el camino, por eso quedan tan poquitos”.

Buscar la famosa “Fuente de la juventud” con Ponce de León, antes la epopeya de Gilgamesh, la idea es pues, vivir mucho pero joven, siempre joven, viejo no se disfrutaría una vida eterna, por eso Dorian suele ser un ejemplo “envidiable”, hasta descubrir el secreto. Se produce un círculo de retroalimentación permanente, en el cual uno no quiere a los viejos y como no los quiere no los mira, como no los mira no los estudia, los niega, los deja afuera, los coloca en el margen de la sociedad.

Una de las acciones principales para hacer como sociedad, es tomar conciencia, a nivel población, que van a ser viejos y pensar las cosas desde ahí. Es una de las opciones que, como población, puede hacer que se piense distinto el tema del envejecimiento y la vejez. Pero esta postura no da crédito político, en cambio si lo da juntar una cantidad de viejos y llevarlos de vacaciones a donde sea, cuando en realidad el tema es mucho más amplio que eso.

Cuando se introduce el Psicoanálisis en el pensamiento de Estados Unidos, se comienza a mirar las cosas de otra manera. Aparece el desarrollo de la medicina psicosomática y desde el punto de vista específico de la Salud Mental la Psiquiatría Dinámica, ambas arraigadas en el pensamiento psicoanalítico. Ahí se cuestiona todo el accionar de la medicina. Una de las cosas que abarca este cuestionamiento es, justamente, la idea de la medicalización, de la vida que predominaba en esa época y se imponen los tratamientos psicoterapéuticos, los tratamientos combinados.

“En 1960…, en Argentina más del 80% de los pediatras que había en Capital Federal se psicoanalizaban, y lo hacían no porque estuvieran enfermos si no porque constituía parte de su formación profesional. Esto implicaba un cambio radical en la postura y en el enfrentamiento con los pacientes, fueran jóvenes, adultos o viejos.”(2)

El comercio farmacológico sintió fuertemente el embiste del psicoanálisis y de la medicina psicosomática, la Psiquiatría Dinámica, sin embargo, con medios y recursos casi interminables defendió su posición y surgió la controversia principal para darle preeminencia a lo que el campo de la Salud Mental creó, la psiquiatría Biológica, la cual cuestionó fuertemente a la Psiquiatría Dinámica y por elevación al Psicoanálisis. De elementos importantes tenemos la penetración de el DSM, dicho manual de estadísticas y diagnósticos de la Salud Mental, que, sin saber que iba a ser el 1, continuaron con el 2 y así sucesivamente. Dicho manual se creo específicamente para los Estados Unidos, para considerar la injerencia en la salud mental de los soldados que participaron en la segunda guerra mundial, se convirtió, en el correr del tiempo, como un aparato mundial, de manera tal que, en Argentina, dentro de la “medicina prepaga”, no se puede diagnosticar si no está de acuerdo con las reglas del DSMIV.

“Una de las cosas que vimos y que nos llamó  mucho la atención, es que mientras la población vieja a nivel mundial llega al orden del 15% de la población total, este 15% es el máximo consumidor de entrevistas médicas, efectúa al rededor de 37 ó 38% y que consume cerca del 40% del total de los medicamentos que se fabrica.”(3)

Es disparatado ver que el 15% consuma casi el 40% de los medicamentos que se fabrican.

Uno de los déficit mayores que tiene la población vieja en su totalidad es que, por una u otra razón nadie los toca, nadie los acaricia, nadie les pasa la mano, digamos, salvo situaciones extremas, como puede ser que tengan que bañarlos o vestirlos, pero el resto de la población no quiere nada que ver con los viejitos, no tienen quien los toque. “Imaginemos lo que significa esto, si a una persona por día, una semana, un mes o un año nadie la tocada, pensaría que no existe, que es transparente”, en consecuencia se volvería loca, demente, uno de los castigos más fuertes en un penal es el aislamiento total, y la mayoría de los presos que vive en esa situación, lo único que piden es poder platicar y eso que tienen contacto cuando les llevan de comer. Los ancianos lo sienten mucho más y lo combaten yendo al médico, con la fantasía que el profesional, a través de revisarlo lo tocará. Cuando los médicos, en su labor asensible e indiferente por el paciente, no tocan al anciano, no le toman la presión, no los revisan, que no les dan su tiempo protesta, no los toman en cuenta. Esto es lo que en el fondo va buscando una gran mayoría de gente vieja, cuando van al médico y como en general toda persona va al médico sale con una receta en el bolsillo, se va incrementando el uso de la medicación, lo cual se ve reforzado porque, además, la industria farmacológica se encarga de hacer remedios para cualquier cosa, existe gente que llegan a tomar 19 medicamentos al día, y no es que no necesiten ningún medicamento sino que al final, no se les presta el tiempo necesario para debida atención.

No hay más duelos en la vejez, lo que si existe es una mayor dificultad en el proceso de elaboración de dichos duelos, Todo ser parlante, está constantemente en la necesidad de resolver sus duelos, pues se van perdiendo y se van adquiriendo experiencias, cosas, seres queridos y ante la dificultad mayor de conocer gente nueva y adquirir nuevas cosas, la elaboración de dicho duelo se ve dificultada, aumentando así la melancolía.

Existe una imposibilidad para resolver los duelos con los recursos que un anciano tiene a la mano, porque el aparato psíquico está programado para la resolución de duelos, pero debe contar además con los recursos necesarios para completar dicho ciclo de duelo con el último estadío que es el reparatorio, el de resolución, por el mismo motivo se cree que existen más duelos en los viejos, cuando no es necesariamente así, y si le agregamos a esto, que existe un número menos de viejos que personas jóvenes, entonces los fenómenos aparecen más concentrados, porque la lupa está más cerca para observarlos, se extrapola esto y uno de los prejuicios importantes con respecto a los viejos es que son todos deprimidos y no es así, puesto que es muy importante y diferente el hecho de estar deprimido y otra es estar triste, esto es fundamental. La tristeza es el sentimiento que acompaña al duelo, pero si uno toma solamente eso lo va a confundir y va a pensar que está deprimido y no es así.

Citas:

1 Maria Claudia Biancotti en http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=6206 2004.

2 Cueto, Emilia. Entrevista a Lleopoldo Salvarez. 2007 -http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=11549

3 Ibid.

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