Aventuras y Desventuras: Un Amor Apasionado

Publicado: agosto 2, 2011 en Arts. Jorge Camiro Bobadilla

Pedro Abelardo y Eloisa: Aventuras y Desventuras  (1079 – 1142)

Por: Lic. Jorge Camiro Bobadilla

Filósofo

 El destino trágico en que desembocar la vida de Abelardo es singular por la tragedia envuelta en su historia y no merece ser olvidado por ninguno de los estudiosos en filosofía.

El amor no necesariamente tiene consecuencias gratas, muchas veces los resultados son dolorosos: el abandono, los celos, las discusiones y los pleitos terminan siendo parte de esa aventura en la que el sujeto se abisma, pero nada de esto se comparará con el vestigio de sangre que dejó  la pasión en la vida de Abelardo.

Oculto durante muchos años, la historia nos ha revelado que Orígenes, uno de los padres de la Iglesia, nacido en el 185 A.c., queriendo seguir el camino más perfecto y estrecho al Señor, que para él era renunciar al sexo, no en sentido metafórico, negando el cuerpo y sus necesidades para así, poder consagrar su alma, compartirá entonces una perdida en la vida de Abelardo, este último es atacado y castrado, el primero encaminándose en los que dicen que para alcanzar el reino de los cielos se hacen eunucos, escrito de manera simbólica en el Evangelio, se castró: “El que tenga los testículos mutilados o el pene cortado no será admitido en la asamblea del Señor” (Deuteronomio 23: 2). La actitud tomada por Orígenes nos hace notar que de lo que se trata en Origenes es una negación del cuerpo y sus necesidades, consagrándose al alma. Su acción seguramente debió acarrear una serie de escándalos y pleitos para los religiosos tradicionales y fieles de esa época. ¡Estas escenas eran un verdadero escándalo! Es como entonces la comunidad Cristiana nace, en medio del escándalo y desafiando las dogmáticas lecturas de la Biblia: “Porque así habla el Señor: A los eunucos que observen mis sábados, que elijan lo que a mi me agrada y se mantengan firmes en mi alianza, yo les daré en mi Casa y dentro de mis muros un monumento y un nombre más valioso que los hijos y las hijas; les daré un nombre perpetuo que no se borrará” (Isaías 56: 4-5). Si lo separamos se puede ver como un elemento contrariado y opuesto al dictaminado en el versículo anterior y como tal contrariedad la lucha que había entre la vieja y la nueva escuela en aquellas primeras épocas.

Abelardo era un teólogo joven y famoso, seguidor máximo de Orígenes, nacido en una familia militar, muy probablemente al servicio del conde de Nantes, es pues un aristócrata que decide encaminarse en la carrera de letras, dejando a un lado la carrera paterna.

En 1102 Abelardo establecerá su propia escuela y después de muchos traslados regresará a Paris en 1114 para ser profesor de la escuela catedralicia, estamos próximos a la tragedia que nos guiará a uno de los casos más sabidos por el mundo de la filosofía. Es contratado para ser profesor privado de la exigente Eloísa, hermosa sobrina del canónigo de la catedral, una muchacha de 17 años de edad, que a diferencia de las mujeres de la época, que no sabían leer ni escribir, ella sabría teología, filosofía, griego, hebreo y latín: “Esa jovencita las superaba a todas por la aptitud de sus conocimientos. Ese don -es decir, el conocimiento de las letras- tan raro en las mujeres, distinguía tanto a la niña, que la había hecho celebérrima en todo el reino”(1). Abelardo y Eloísa caen en un enamoramiento casi inmediato, el teólogo más reconocido del momento y la joven más encantadora que no solamente irradiaba belleza sino también inteligencia, se unen en una inseparable relación, a pesar de todas las prohibiciones de la época y por parte de la familia (el tío tenía otros planes para ella), se escapan para cazarse y tendrán un hijo (Astrolabio) al cual luego abandonarán con un familiar.

A Abelardo se le imputa la acusación de seductor que desde la oscura Edad Media hasta la Ilustración, la seducción fue objeto continuo de preocupación y razonamiento. Ovidio también tuvo problemas, terminó desterrado. La provocación desenfadada del Don Juan en plena Inquisición española, hasta el refinamiento intelectual de la aristocracia francesa, los artificios seductores siempre han sido tan perversos como burladores y eran considerados en la mayoría de las veces el camino al mal, por estar vinculado con el pecado primario. Eloísa es acusada de desobediencia, estas acusaciones son hechas por el tío que lo había contratado, y no dejará que pase de largo tal insulto.

“Y una noche, mientras dormía en la secreta alcoba de mi albergue, habiendo antes sobornado a uno de mis sirvientes con dinero me castigaron con cruelísima y  vergonzosísima venganza que recibió el mundo con estupor: me amputaron aquellas partes de mi cuerpo con las que yo había cometido lo que ellos lloraban.”(2).

Es el tío quien contrata a un grupo de matones para entrar en la casa de Abelardo y  mientras dormía fue sujetado de las piernas y sin ningún tipo de anestesia fue castrado con un cuchillo bato.

Ambos tomarán los hábitos, aun habiéndose casado tiempo atrás, sin embargo, su amor continuará. Abelardo no soporta la convivencia con los monjes, lo cual hace que sea trasladado de monasterio en monasterio hasta que funda un oratorio, en el, comparte solo con otro monje este centro de meditación, el cual, se irá convirtiendo en escuela.

Fue la época de los asentamientos de las ciudades, participando en ella la burguesía. La iglesia fuerza una reforma eclesiástica que busca imponer en esta burguesía el sacramento del matrimonio como la única posibilidad de sexualidad, así la damisela de buena familia se volvía esposa desde la pubertad. Estaba de moda el cinturón de castidad a consecuencia de las Cruzadas. Con este sacramento del matrimonio asegura el control político de las alianzas familiares, especialmente las nobles, exige del mismo modo anular de inmediato en caso de incesto y no romper nunca la unión conyugal, marcando de una u otra manera la concepción occidental del amor, estás reglas se verán a partir de este momento como una de las prohibiciones de occidente más grandes en la actualidad, el incesto. 

 El amor cortés(3) inaugurará la idea del amor moderno, no existía en ese entonces la idea de cortejo, como lo conocerán Casanova y Don Juan, éste término inexistente en la época de Abelardo y Eloísa hace referencia al concepto medieval del amor espiritual que se daba entre un valiente caballero y una dama noble, generalmente ella tenía más recursos, era casada ó inclusive ambas.

”Lo que exalta es el amor fuera del matrimonio, pues el matrimonio significa sólo la unión de los cuerpos, mientras que el <<amor>>, que es el Eros supremo, es el impulso del alma hacia la unión luminosa, más alla de todo amor posible en esta vida”(4).

Ella era idealizada, se volvía un todo y la luz de la doncella lo aplastaba, como consecuencia éste la cortejaba. La evolución del individuo estaba asociada al amor, que iba en sentido opuesto al casamiento el cual no tenía mucho que ver con el amor. Esta clase de amor cortesano subvertía la idea clásica del matrimonio(5): “Nuptiae sunt coniunctio maris et feminae et consortium omnis viate, divini et humani iuris comminatio” que consistía en un contrato bilateral, con el propósito de vivir unidos para siempre y tener hijos, en lo que incluía el honor matrimonii (trato a la esposa), el decoro y la dignidad social.

Las emociones eran individuales a cada uno y tenían un destino ligado a cada una de estas. Estos cambios que vemos en la concepción del amor, en el que la mujer ya no solo es un objeto de reproducción, sino tiene una individualidad, se ve notado en el instante en que a pasar de esta idealización que se le tiene a la bella dama, se le es vista con una nueva corporeidad, es alguien por sí misma, y por lo tanto también es alguien más allá de su esposo:

“Un cambio de la época en la manera de jugar al ajedrez nos hace sospechar algo muy parecido. En el siglo XII se introduce en Europa una modificación sustancial en el juego de ajedrez originario de la India. En lugar de los cuatro reyes que dominaban el juego primitivo, vemos a la dama o reina que pasa a tener una importancia inusitada, adquiriendo libertad de movimientos y la capacidad de ganar a todas las demás piezas. El rey conserva la potestad de hacer ganar o perder la partida al jugador pero, en la práctica, como saben todos los jugadores, queda relegado a una posición estática y simbólica.”(6) 

Abelardo y Eloísa tendrán un amor extremadamente transgresor a la época, ambos desatienden el desideratum social, se enamora de una mujer que estaba reservada, lo aumenta consumando el amor físico y además lo institucionalizan obteniendo el matrimonio, incluyen un hijo. Es cuatro veces transgresor y aun así tienen la osadía de contarlo en primera persona en sus escritos.

La tragedia que acompaña esta historia, no afecta a Eloísa, quien aun sabiendo lo sucedido no se detiene en su amor por Abelardo al contrario aumenta, solo hasta que no quedó ninguna otra opción para Eloísa, habiendo dejado muy bien en claro Abelardo de la imposibilidad de su lazo, es que ella le pedirá guiarla en su camino espiritual junto con sus monjas.

Este infortunio nos hace pensar una concepción dual en la pasión que sería al mismo tiempo apetito o afición vehemente a una cosa, pero también, afecto o dolor sensible de alguna de las partes del cuerpo enfermo. Tenemos que la pasión de cristo es una de las cuatro partes del evangelio que nos cuenta la tortura, seguidamente del fallecimiento del profeta. El amor apasionado, nos hará padecer. Pasión es la acción de padecer, y no nos sorprendería que desde esos tiempos, las historias amorosas que más nos conmueven tengan una porción de padecimiento nada desdeñable. Este sentimiento intenso que, cuando llega y se postra en el sujeto podría llegar a manipular su voluntad y su inteligencia, acentuando el poder del mito sobre la razón. Existe entonces un común en diversas historias de la época. El Romance de Tristán nos revela un mismo camino, los realmente enamorados deberán padecer una verdadera tragedia, el amor parece, tiene que ser desventurado para garantizar una originalidad. “El romance necesita entonces tragedias, reveses, retrasar la pasión hasta hacerla imposible, biológicamente inalcanzable, con la llegada de la muerte, habitualmente de carácter trágico. – La felicidad de los amantes sólo nos emociona en la medida que la desgracia se acerca. – El amor feliz no tiene historia, ni suscita interés en nadie para contarla, ni encontraría lectores.”(7) De ésta manera, tenemos que en las historias de Abelardo y Eloísa, la de Tristán e Isolda y la de Romeo y Julieta sus desventuras son comparables, Denis de Rougemont escribe que no hay situación que atraiga con tal interés como la de una tragedia, la concordancia entre el amor y la muerte atrae en nosotros las más profundas reacciones:

 “El amor feliz no tiene historia. Solo el amor mortal es novelesco; es decir, el amor amenazado y condenado por la propia vida. Lo que exalta el lirismo occidental no es el placer de los sentidos ni la paz fecundada de la pareja. Es menos el amor colmado que la pasión de amor. y pasión significa sufrimiento. Tal es el hecho fundamental.” (8)


Hagamos pues una comparación entre estos dos tipos de amores, el idealista y utópico del perfeccionamiento de las almas platónico ya tratado en la serie de artículos sobre “Las razones del Corazón” en esta misma revista, y el amor cortés que de transgresor de épocas lo tiene todo:

El amor cortés es recíproco, a comparación del Eros platónico. Amor recíproco entre un hombre y una mujer, a diferencia del griego homosexual, en el primero la idea de fidelidad y exclusividad entre un hombre y una mujer connota de modo que el amante debe perseverar en su elección hasta la muerte que difiere con el consejo platónico de una vez amado un cuerpo el amante deberá acostumbrarse a percibir el rasgo de la belleza en ese cuerpo también en otros cuerpos “… pasando de un cuerpo a muchos cuerpos, y más adelante, en un estadio superior, de un alma a muchas almas…”(9). La mujer tiene una individualidad de caracter ético, tiene un rango, superior al compañero guerrero, la razón de amor contra la razón de honor. La diferencia entre las poética (discurso) de los trovadores en el amor cortés y la de los trágicos es que la segunda es descriptiva, el varón es por ejemplo, descripto minuciosamente (sus bellas y buen conformadas piernas, su elegancia, la hermosa armadura que lleva) la mujer se poetisa de manera más general (su cabello rubio, su semejanza con el Sol). El amor pasional o cortés se narra a manera de posesión de la voluntad, en la que una ingesta de un magico filtro del amor provocará a Tristán cautivándolo, representando al amor como un tirano, que somete y cautiva a las víctimas de los que se atreven a ingerirlo, poseyéndolos ejercerá su dominio. Éste amor no busca ni la felicidad ni al placer, no se narra más que la imbricación inexorable, en el sujeto amoroso y pasional, de felicidad y desgracia de goce y sufrimiento “… de manera que el enamorado ama su propia desgracia y la prefiere a cualquier felicidad, o es feliz en medio de los más ásperos tormentos o cobra placer de las situaciones más dolorosas.”(10) Se crea por tanto, en esta dialéctica amorosa un lugar a un lenguaje místico “vivo sin vivir en mi…”,  “la locura llamada amor es la máxima cordura, “mi alegría es mi desgracia”, “el dulce tormento”. Curioso es que Abelardo fue uno de los más grandes dialécticos de su época, a la vez protagonista de la primera historia conocida del amor pasión.

Podemos decir que el amor hasta el momento tiene un carácter meramente alegórico, punto en el cual suele pasar desapercibido entre las dos concepciones del amor, la griega y la moderna, el amor es entonces una fuerza subjetiva objetivada, una fuerza individual encaminara a un objeto. El amor pasión quiere un  imposible, que dos sean uno, este regreso al andrógino, que si bien tiene características similares no se trata de lo mismo, se pretende rebasar el estatuto individual de la pareja unida en dúo de amor, hasta alcanzar un punto de fusión del dos en uno. Ese imposible sólo se resuelve en el instante de la muerte. Pero de una muerte que es muerte a dos, un genuino dúo-cidio, en el cual cada uno vive o pretende vivir su muerte y la del ser amado, alcanzándose entonces la fusión. De ahí que el amor trame una relación intrínseca, desde su desencadenamiento, con la muerte; sea esta un filtro del amor o un filtro de muerte, o sea, “un amor que se desarrolla en el horizonte de la muerte”. Muerte que es deseada, vivida, anhelada, es vivida como una verdadera vida, esa muerte es en última instancia, el objeto propio de ese anhelo o deseo llamado amor.

 No se trata pues del Eros platónico, ni es hijo de Escasez y Abundancia, no presupone ninguna carencia o falta, es pues, lo que en una parte se le podría denominar Deseo.

— (No olvides dejarnos tu opinión sobre este artículo)

Bibliografía:

(1) Abelardo Pedro. Historia de mis desventuras. Biblioteca básica Universal, Argentina. 1983. Pag. 18

(2) Ibid. Pag. 24

(3) De Rougemont Denis. El amor y Occidente. Edit. Kayros. Barcelona, 2006

(4) Ibid. Pag. 77

(5) La definición Clásica del Matrimonio Romano fue formulada por Modestino “El matrimonio es la unión de un hombre y de una mujer para toda la vida, según la ley divina y humana” En:  Para una Historia del Matrimonio Occidental. La sociedad Romano-Germánica. Siglos VI – IX, De Luis Rojas Donat, THEORIA 2005, Chile, Pag. 48

(6) Muñoz Rendón Josep. Las razones del corazón, Edit. Ariel 2008, Pag. 31

(7) Ibid. Pag. 32

(8) De Rougemont Denis, El amor y Occidente. Edit. Kayros. Barcelona, 2006. Pag. 16

(9) Trías Eugenio, Tratado de la pasión, Edit. Grijalbo. México. 1991. Pag 22

(10) Ibid. Pag. 23.

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