Las Razones del Cuerpo

Publicado: agosto 4, 2011 en Arts. Jorge Camiro Bobadilla
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Las Razones del Cuerpo

El divino Marqués Donatien Alphonse Françoise de Sade (1740 – 1814)

Por: Lic. Jorge Camiro Bobadilla – Filósofo

Mucho se ha escrito ya de las aventuras y desventuras que Sade a escrito en sus tantos libros. En este pequeño apartado que, obviamente, no podíamos haber hecho a un lado cuando se intenta escribir sobre las pasiones, el amor y la seducción.

Nos hemos topado con un escritor que la mayor parte de su vida hasta su muerte estuvo preso por la manera tan, en aquella época, descabellada de pensar, pero como bien mencionaba él mismo Sade “Mi manera de pensar, decís, no puede ser aprobada. ¡Pues, qué me importa! ¡Bastante loco es quien adopta una manera de pensar como la de los demás! Mi manera de pensar es el fruto de mis reflexiones, está implicada en mi existencia, en mi organización. Esa manera de pensar que vos censuráis es el único consuelo de mi vida, alivia mis penas en prisión, constituye todos mis placeres en el mundo y la quiero más que a mi vida. No es en absoluto mi manera de pensar la que ha hecho mi desgracia, es la de los otros”.

La idea de sistema (común a todos) para Sade era extremadamente negada, tenía la seguridad de que la violencia es el único vínculo con la realidad que llegase a poder existir entre dos individuos, Sade estudia a la naturaleza de una manera profunda, y conforme más se adentraba más se daba cuenta de que ésta está cada ves más ocupada en dañar a los hombres Seguidla en todas sus operaciones, no la veréis más que voraz, destructiva y maligna, más que inconsciente, contraria y devastadora, La naturaleza es cruel.

La agresión como sistema es lo que siempre se notará en el pensamiento del Marqués como algo único e imprescindible para las relaciones humanas, se nos presenta como una “sed natural hacia la destrucción”, que constituye la máxima suprema del libertino. Malgastar y derrochar es para Sade lo equivalente a gozar, sin importar cuánto, no importando la finalidad, esto pareciese está fuera de la razón, no se puede medir, está fuera del logos. El amor como se intenta entender por la mayoría de los sujetos, no cabe dentro del universo de Sade, pues es bastante evidente que, para nuestro autor, no se puede amar lo que se goza, para él, el goce lleva de manera contundente a la destrucción, este tipo de amor no se satisface ni se consuma, mas que en el acto aparentemente mortal, su forma y su fin propio es el dolor,  rebasando la unión felizplatónica ni la idea de tenerse de manera dual en un para siempre imposible entre la bella dama y el noble caballero, que el amor cortes nos enseñaba páginas atrás.

EL Psicoanálisis del Cuerpo

El exceso cruel sin importar la finalidad, que se encuentra aparentemente fuera de la razón y del logos, nos lleva a la destrucción y por lo tanto imposibilita al amor. Esa sed natural hacia la destrucción es algo real, la agresión del libertino, idea que no fue creada por Sade “Es de importancia recalcar el hecho, de que, la mayor parte de las escenas consignadas en las obras de Sade son fruto del prodigio de la imaginación. Sus excesos –los hay en su vida, pero los verdaderos crímenes por los que va dar a Vincennes y luego a la Bastilla, son el haber huido con su cuñada y el elegir muy mal a su suegra– en su existencia son muy menores, a comparación de las orgías y actos violentos que imaginó. Barthes ha dicho de este contemporáneo de Mozart, que puso en su vida un poco de su obra y no lo contrario. Un hecho que soporta esta afirmación y refuta la concepción absurda de quienes le ven como la encarnación misma de la maldad”(2), se puede entender más claramente en el principio del placer y la pulsión de muerte que se nos describe en la teoría psicoanalítica.

Cuando Freud se refiere al principio del placer nos menciona que es uno de los principios que rigen el funcionamiento mental, y que tiene como finalidad evitar el displacer y pretende el placer, sin límites y sin trabas. El Ello, que es meramente inconsciente, encamina toda su fuerza para conseguir las pulsiones, instintos y deseos, éstos forman en el sujeto una manera de tensión que el Ello intentará descargar para intentar equilibrar y volver a la situación anterior a esos apetitos y así volverse a repetir; el placer es la vivencia que acompaña a la reducción de dicha tensión. éste principio que acompaña al Ello es meramente hedonista y se equipara a las tendencias de satisfacción del libertino sadiano, para Sade no existía ninguna clase de relación entre un ser humano y otro, mas que la búsqueda del placer, para el Ello tampoco, solo está el principio del placer que intenta ser acotado por el principio de realidad, intentará establecer ese contacto con el mundo externo al Ello, éste principio radica en el Yo, que equivale a lo que sería la consciencia, le impone las restricciones necesarias para una adaptación a la realidad externa, donde el libertino sadiano no encuentra lugar.

“No son, dice Jules Janin citado por Bataille, más que cadáveres sangrientos, niños arrancados de los brazos de sus madres, jovencitas degolladas al final de una orgía, copas llenas de sangre y de vino, torturas inauditas. Se ponen calderas al fuego, se levantan potros, se rompen cráneos, se despoja a hombres de su piel humeante, se grita, sereniega, se blasfema, se arranca el corazón del pecho, y eso en cada página, en cada línea, siempre. ¡OH! ¡Qué infatigable malvado! En su primer libro, nos muestra a una pobre niña acorralada, perdida, destrozada, colmada de golpes, conducida por monstruos de subterráneo, de cementerio en cementerio, golpeada, rota, devorada hasta la muerte, marchita, aplastada… Cuando el autor llega al agotamiento de tantos crímenes, cuando ya no puede más de incestos y de monstruosidades, cuando está ahí, jadeando sobre cadáveres que apuñaló y violó, cuando no queda una iglesia que no haya mancillado, ni un niño que no haya inmolado en su rabia, ni un pensamiento moral sobre el que no haya echado las inmundicias de su pensamiento y su palabra, ese hombre se detiene finalmente, se mira, se sonríe a si mismo, no se da miedo. Al contrario…” y anexa Muñoz: “se congratula de ello”(3)

Freud particularmente se encarga de estudiar esta tendencia a causar dolor al objeto sexual  o al objeto amado, o a ese ser maltratado, específicamente en el apartado de Las aberraciones sexuales en Tres ensayos para una teoría sexual, nos explica que la Historia de la civilización humana nos ha mostrado que existe la crueldad y el instinto sexual y que estos están íntimamente ligados, este elemento agresivo aunado al instinto sexual nos da un resto de los placeres caníbales, explica que cada dolor, lleva en sí y por sí mismo una posibilidad de sentir placer. En lo particular se nos muestra que las dos formas de agresión sexual, la activa y la pasiva, aparecen siempre de la mano en la misma persona, es decir el sádico es, al mismo tiempo masoquista, aunque tenga más gusto por alguna de las dos tendencias: “Aquel que halla placer en producir dolor a otros en la relación sexual está también capacitado por gozar del dolor que puede serle ocasionado en dicha relación como de un placer. Un sádico es siempre, al mismo tiempo, un masoquista, y al contrario. Lo que sucede es que una de las dos formas de la perversión, la activa o la pasiva, puede hallarse más desarrollada en el individuo y constituir el carácter dominante de su actividad sexual.”(4)

Lo sexual, en la mayor parte de las personas, muestra una combinación de agresión, tiende a dominar, cuya significación estará quizás en la necesidad de vencer la resistencia del objeto sexual de un modo distinto a los actos de cortejo, es decir, la sexualidad dominante y agresiva sadiana (que existe en menor y mayor grado en cada sujeto), va a contracorriente de la seducción o del ligue, que es ritual y no pulsional. Más tarde en Más allá del principio del placer, Freud será tajante al respecto “La meta de toda vida es la muerte”, la de uno y la de los demás, comenzando por las personas que más queremos.

“Me habláis de los lazos del amor, Eugenia; ¡ojalá no los conozcáis jamás! ¡Ah, que semejante sentimiento, por la felicidad que os deseo, no se acerque nunca a vuestro corazón! ¿Qué es el amor? No se le puede considerar, así me lo parece, sino como el efecto resultante de las cualidades de un hermoso objeto sobre nosotros; esos efectos nos transportan; nos inflaman; si poseemos ese objeto, hénos ya contentos; si nos es imposible tenerlo, nos desesperamos. Pero, ¿cuál es la base de ese sentimiento? … El deseo. ¿Cuáles son las consecuencias de ese sentimiento? … La locura. Atengámonos, pues, al motivo, y prevengámonos de los efectos. El motivo es poseer aquel objeto; ¡pues bien!, tratemos de conseguirlo, pero con cordura; disfrutemos de él en el momento que lo tengamos; en el caso contrario, consolémonos: otros mil objetos semejantes, y a veces mucho mejores, nos consolarán de la pérdida de aquél; todos los hombres, todas las mujeres se parecen: no hay amor que resista a los efectos de una reflexión sana. ¡OH, qué trampantojo esa embriaguez que, absorbiendo en nosotros el resultado de los sentidos, nos pone en tal estado que ya no vemos, que ya no existimos más que por ese objeto locamente adorado! Pero ¿es que eso es vivir? ¿No es acaso más bien privarse voluntariamente de todas las dulzuras de la vida? ¿No es querer seguir en una fiebre abrasadora que nos absorbe y que nos consume, sin dejarnos otra dicha que goces metafísicos, tan semejantes a los efectos de la locura? Si con todo tuviéramos que amarlo a ese objeto adorable, si fuera seguro que no tendríamos jamás que abandonarlo, ello sería todavía sin duda extravío, pero excusable por lo menos. ¿Sucede tal cosa? ¿Se encuentran muchos ejemplos de esas uniones eternas que jamás se han desmentido? Algunos meses de disfrute, volviendo bien pronto a poner el objeto en su verdadero sitio ‘, nos hacen sonrojamos del incienso que hemos quemado en sus altares, y no llegamos muchas veces a concebir siquiera que haya podido seducirnos a tal punto. ¡OH muchachas voluptuosas, entregadnos, pues, vuestros cuerpos todas las veces y tiempo que podáis! Joded, divertíos, ahí está lo esencial; mas huid cuidadosamente del amor. Nada hay de bueno en él más que su físico, decía el naturalista Buffon que no sólo en esta materia era buen filósofo.

Repito: divertíos, pero no améis; tampoco os preocupéis por ser amadas: lo que importa no es extenuarse en lamentaciones, en suspiros, en miradas, en mensajes dulces; lo que importa es follar, multiplicar y cambiar a menudo los folladores, y en especial evitar por todos los medios que uno solo quiera esclavizaros, porque la meta de ese amor constante sería impediros que os entreguéis a otro; cruel egoísmo que pronto resultaría fatal para vuestros placeres.”(5)

Sade es un apasionado, un apasionado por una escritura totalmente transgresora de su época, mientras Abelardo y Eloísa lo vivían a su manera, Sade lo escribía a la suya, no hay nada del amor cortés, ni de las bellas damas intentando ser cortejadas, no hay nada de una utopía evaneciente, de posesiones divinas, ni carruajes alados, es solo eso: follar. La poética de Sade, le arranca a una niña buena, tierna y jóven, tras la muerte de sus padres, toda su vida, es violada, golpeada y una ves más vuelta a violar a manera de compulsión. El discurso Sadiano arrebata, es real, es instinto sin pasar por máscaras de engaño racionales, arranca virginidades y ayuda a asesinos, nunca hace justicia de los maltratos a la moral, y es por eso que la mayor parte de su tiempo, se la pasaba encarcelado, no obstante sus letras tienden a cautivar, él habla lo que su mente imagina, y si lo imagina en su época, ahora ya se hace, pero tenemos y debemos tener la otra cara de este pensamiento, algo con qué afrontar una filosofía transgresora con una filosofía de la seducción, un pensador que escribió también desde sus vivencias y nos dejó un legado de seducción, este es Soren Kierkegaard, que dejaremos para el siguiente artículo.

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Referencias:

  1. Sade D.A.F. Los crímenes del amor, Carta a Mme. Edit. Tomo. México 1783 Pag. 42
  2. Ortega Bobadilla Julio. Sade: un individuo sin identidad perfecta. 2007 http://www.cartapsi.org/spip.php?article140#_ednref7 
  3. Muñoz Rendón Josep.n, Edit. Ariel. México 2008. Pág… 69
  4. Freud Sigmund. Tres ensayos para una teoría sexual, Edit. Biblioteca Nueva. España. 1995, Pág… 948.
  5. Sade Marques de: Instruir deleitando o escuela de amor (La filosofía en el tocador). Ed. Lucina Zamora. México. 1998. Pág., 158.
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comentarios
  1. Carolina dice:

    El placer de sentir el poder sobre alguien más, no sólo sexualmente; sino también, al burlarse de alguien, al controlar a un hijo, al maltratar a una persona verbalmente, etc. es el sadismo; el dominio.
    En una pareja uno de los dos tiene que ser dominado para que la relación “funcione” y cada uno puede jugar el papel de dominar o ser dominado sin vivir solamente uno de esos papeles durante toda la relación. Con el acto sexual podemos saciar la necesidad de aprehensión y dominación de la persona que “queremos” porque admiramos algo de su físico o su forma de pensar o su posición social.
    Provocar la felicidad o el sufrimiento de una persona es el placer de tener en nuestras manos el destino de su vida, queremos que nos admire y lama nuestra existencia: atrapada con un único pensamiento al principio y final de su día: nosotros.

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