La filosofía de la Seducción: Ovidio y el Arte de Amar

Publicado: diciembre 7, 2012 en Arts. Jorge Camiro Bobadilla
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La filosofía de la Seducción: Ovidio y el Arte de Amar (43A.C. – 17 D.C.)

Por: Jorge Camiro Bobadilla – Filósofo y Literato

El espectáculo nace en Roma, son aficionados al teatro, a las carreras, a los deportes y al circo. Se evoca de manera casi inmediata con el Coliseo, en donde se organizaban comúnmente sangrantes funciones para el pueblo, sino es cuestión aquí de explicar como funcionaba, si mencionaré por lo menos, cómo estaba construido: Disponía de 109.000 espectadores, el anfiteatro es de planta elíptica, los palcos tenían antesalas y estaban distribuidos según la clase social, la arena estaba formada por unas vigas de madera bajo las cuales hay un sótano con pasillos, jaulas almacenes, cárceles, y demás, cualesquier cosa que fuera necesaria para que el espectáculo se desarrollara de manera “espectacular”. Se sacrificaban animales, gente y si en alguno de los casos era requerido por el público y la máxima autoridad lo permitía se perdonaba la vida de ambos luchadores, en caso de un buen combate. El primer día de la inauguración del Coliseo murieron 5.000 animales y 4 mil parejas de gladiadores perecieron a principios del siglo II A.c. en un espectáculo…, la publicidad que ocupaban los políticos y la manera de entretener al pueblo se resumía en una sola frase “panem et circenses” “pan y circo” expresión aplicable hasta la actualidad.

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El arte de amar de Ovidio comienza claramente con la recomendación de que se debe asistir a lugares públicos para las cuestiones de la seducción, el circo por ejemplo: tiene dos razones, por sentido común…, ahí es donde se junta la gente, obviamente es donde encontrarán mujeres, así que hay que ir a buscar la presa en los lugares que frecuenta; El que acosa a los pájaros, conoce los árboles en que ponen los nidos, y el pescador de caña, las aguas abundantes en peces. Así, tú, que corres tras una mujer que te profese cariño perdurable, dedícate a frecuentar los lugares en que se reúnen las bellas”(1). la segunda, no tan evidente, es la muestra de sangre, las extremas dosis de placer sádico plenamente admitidas (se iba a eso), el deleite en la contemplación de los cadáveres y en especial…, el contacto visual con la muerte en directo a manera de espectáculo, esto activará las emociones, lo cual en otras palabras es absolutamente imprescindible para desbloquear, sin problemas, el deseo amoroso… ¿Qué espectáculo iguala en lo emocionante al simulacro de una batalla naval en la que César lanza las naves de Persia contra las de Atenas? Desde uno y otro mar acuden mozos y doncellas, y el orbe entero se da cita en Roma. (2)

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El seductor, buscará los lugares en donde pueda encontrarse las siguientes características: sangre, placer plenamente pre-admitido, cadáveres y muerte, no deja de venirme a la cabeza de nuevo los principios del Psicoanálisis sobre la pulsión de muerte de los que ya he hecho mención… “No dejes tampoco de asistir a las carreras de los briosos corceles; el circo, donde se reúne público innumerable, ofrece grandes incentivos” (3),  en el arte de la seducción, Ovidio te incita a sentarte al lado de tu amada, pues en el circo nadie te lo impedirá, hablarle directamente es posible sin que nadie oiga nada, pues todos estarán chillando…, el primer contacto puede venir con la llegada de la recomendación a quitarle con sumo cuidado el polvo que levanta la función, aunque no le haya caído nada, “Si el manto le desciende hasta tocar el suelo, recógelo sin demora y quítale la tierra que lo mancha” , el segundo contacto llega al haber mostrado que eres una persona de carácter: se conversará y se discutirá con los vecinos, aprovechando que ellos sacan sus rodillas más de lo debido que le molestan la espalda de su cuerpo codiciado.

Otro espacio factible para la contienda amorosa será la mesa de los festines, tan del gusto de la época. Era ahí en los verdaderos banquetes donde se convivía con los amigos, con los clientes y era verdaderamente un arte…, era el vino lo que anticipaba los ánimos, alejaba a la tristeza, reina la alegría; el pobre piensa que es rico y poderoso, entonces el dolor y la tristeza desaparecen de su rostro, los banquetes eran pringosos, como lo eran las sobremesas amorosas que continuamente encaminaban a los invitados a la cama “el pobre, entonces, se cree poderoso, y entonces el dolor y los tristes cuidados desaparecen de su rugosa frente; entonces descubre sus secretos, ingenuidad bien rara en nuestro siglo, porque el dios es enemigo de la reserva. Allí, muy a menudo, las jóvenes dominan al albedrío de los mancebos” (4)

El escenario no es tan importante como lo es el seductor, para Ovidio en la conquista amorosa o seducción, el personaje principal, que es el seductor, es la clave para el éxito. Si bien es cierto que la ocasión propicia y un lugar adecuado es lo ideal, lo que define es la convicción de éste, en poder lograr a su presa.

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Ovidio marca unas pautas para esto: Primero se a de abrigar con seguridad de que no hay mujer que no pueda ser conquistada y se consiguen alistando de manera astuta las redes, se es artista en la acción y científico en la revisión. “Quienesquiera que seáis, de esta o de la otra tierra, prestadme todos dócil atención, y tú, pueblo, oye mi palabra, pues me dispongo a cumplir lo prometido. Primeramente has de abrigar la certeza de que todas pueden ser conquistadas, y las conquistarás preparando astuto las redes. Antes cesarán de cantar los pájaros en primavera, en estío las cigarras y el perro del Ménalo huirá asustado de la liebre, antes que una joven rechace las solícitas pretensiones de su amador: hasta aquella que juzgues más difícil se rendirá a la postre.”(5).

Más adelante Ovidio repetirá que no se dude, se saldrá victorioso en todos los combates, y que apenas se encontrarán una que se resista, todas sienten bien al ser rogadas ó alagadas, y a menos que se equivoque el seductor, la respuesta no vendrá con ninguna amenaza y ningún peligro…, Se nos muestra absolutamente moderno, basando su texto del arte de amar en la autoestima de su protagonista, que es absolutamente activo.

Era el activo, la concepción de masculinidad de la época, cualesquiera que fuese el sexo de la pareja pasiva. No pasaba de un pecado ligero la pederastia, al igual que la homosexualidad. No obstante en la época existían tres prohibiciones que, si no se quería ser tachado de verdadero libertino no se tenían que romper… Hacer el amor antes del anochecer estaba prohibido, hacer el amor con luz y hacer el amor desnudos tampoco era posible (hacerlo de día era privilegio sólo para los recién casados y sólo las prostitutas hacían el amor sin sostén). La mano izquierda era la única con la que se podían hacer los tocamientos sexuales, pues era la mano pecaminosa.

Con la voz, se alcanza los lugares, donde la mano no puede, en el lenguaje de la seducción, la palabra llega fuertemente, la locuacidad es el gran aliado del amor, las alabanzas hacia la amada es muy buen comienzo para romper con el silencio, se verá halagada y bajará las defensas “Prodiga sin vacilación tus alabanzas a la belleza de su rostro, la profusión de sus cabellos, a sus finos dedos y a su pie diminuto; la mujer más casta se deleita cuando oye el elogio de su hermosura, y aun las vírgenes inocentes dedican largas horas a realzar sus encantos”(6). No obstante, seguro no es siempre, se puede escapar la victoria, en ocasiones, hacerse el amigo puede ser buena estrategia, insinuar el amor disfrazado de amistad puede llevar a grandes logros, afirma al final del Libro I, sucumben a esta prueba, y confunden rápidamente al amigo con el amante. Inclusive, aunque diga que la has poseído con violencia, no importa; esta violencia gusta a las mujeres “Quieren que se les arranque por fuerza lo que desean conceder” (7).

Cuando se publica El arte de amar desata una serie de polémicas, se le acusa de publicidad al adulterio y el libertinaje, en el Libro II, desprecia los hechizos y ungüentos, los tacha de ineficaces para el ámbito amoroso. En cambio les recomienda como mejor opción a sus lectores, al seductor prepararse en los idiomas y las artes, la belleza es un don muy frágil, decrece con los años que van pasando hasta ser aniquilada… “No siempre florecen las violetas y los lirios abiertos, y en el tallo donde se irguió la rosa quedan las punzantes espinas. Lindo joven, un día blanquearán las canas tus cabellos, y las arrugas surcarán tus frescas mejillas. Eleva tu ánimo, si quieres resistir los estragos del tiempo y conservar la belleza: es el único compañero fiel hasta el último suspiro. Aplícate al cultivo de las bellas artes y al estudio de las dos lenguas.” (8).

Un niño romano a los doce años, de buena familia, abandonaba la escuela elemental y a los dieciséis o diecisiete podía optar por una carrera pública o entrar en el Ejército. No había la mayoría de edad y una niña a los catorce años era adulta y podía ser cortejada. Los halagos y la constancia, insiste en el Libro II, son lo principal, no perder la fuerza, si dice algo hay que repetirlo, si niega esto, acéptalo, ríete si se ríe, al verla llorar suelta las lágrimas e iguala tu semblante al suyo, dale regalos, no por la importancia de estos, sino por la oportunidad que te dan estos, la importancia de los regalos no está en su valor, sino lo valioso que estos sean para la oportunidad, así como deniega del valor de los versos, que son aliados y admirados, los regalos dados tienen un mayor valor. Por bárbaro que sea un rico, nunca deja de ser agradable, lo imprescindible del dinero es que hasta el amor se consigue a fuerza del oro… “Por barbarote que sea un rico, nunca deja de agradar. Hoy vivimos en el siglo de oro, al oro se tributan mil honras, y hasta el amor se consigue a fuerza de oro”(9).

La ausencia ayuda a fortalecer los vínculos afectivos, sin extenderse, no prolongando mucho esta separación pues se debilitan estos lazos y puede llegar alguien más, cuando estés seguro de que piensa solo en ti, aléjate, la ausencia llena de inquietud, si lo alargas demasiado, el tiempo debilitará los recuerdos, el ausente caerá en el olvido y otro nuevo amante viene a reemplazarlo.

La discreción, una cualidad imprescindible del seductor, así nunca será inoportuno, aumentándole la prudencia y la seriedad ante la convivencia con la mentira. El seductor fingirá demencia ante la idea de que la amada pueda mentirle, esta no debe percatarse de que sus mentiras son sabidas, como un último sistema de defensa aun no desbloqueado…

Al comienzo del Libro III, nos percatamos que está encaminado a las mujeres, a cómo sacar más partido a sus encantos en el juego del amor. Nos menciona que la mujer no sabe negarse a las llamas ni a las flechas crueles de cupido, ni del paso del tiempo que entorpece a ambos sexos “Tened presente que la vejez se aproxima ligera y no perderéis un instante de la vida”…”Imitad, jóvenes mortales, el ejemplo de las diosas, y no neguéis los placeres que solicitan vuestros ardientes adoradores.” (10).

Seguramente el Marqués, debió de haber leído El arte de amar de Ovidio. Las mujeres que querían seducir a los hombres, deberían, además de aprender a usar la cosmética y controlar los movimientos corporales en el espacio, por ejemplo reír de manera profusa, esto ayudará al aumento en la hermosura de la mujer, saber comer, cantar, aprender música y danza aumentará sus posibilidades. Para las últimas páginas, nos reservará lo que le avergüenza pero que deberá enseñar en nombre de la diosa Dione, las posiciones del amor…: la hermosa de rostro deberá yacer espalda abajo, la que tenga una hermosa espalda, deberá ofrecerla a los ojos del amante…, la pequeña, cabalgará sobre los hombros del amante, la de hermosas piernas largas, oprimirá las rodillas al tálamo y dejará caer un poco su cabeza, si sus músculos incitan con la frescura juvenil y sus pechos carecen de máculas, que el amante en pie la vea ligeramente inclinada en el lecho. “No te sonroje soltar…, los cabellos y dejarlos flotar sobre los hombros…” menciona que Venus se coloca de muchas maneras diferentes; la más sencilla y menos complicada es recostarse, tendida sobre su costado derecho. Termino esta sección con la última frase que Ovidio nos deja en su libro El arte de amar, “Aquí terminan mis juegos: ya es hora de soltar los cisnes sujetos a la lanza de mi carro, y que las lindas muchachas como antes lo hicieron los jóvenes, inscriban en sus trofeos <<Tuvimos a Nasón por maestro>>”. (11)

Bibliografía

  1. Ovidio. El arte de amar, Edit. Elaleph. Argentina. 1999 Pag.. 4
  2. Ibid. Pag. 10.
  3. Ibid. Pag. 6.
  4. Ibid. Pag. 9.
  5. Ibid. Pag. 10.
  6. Ibid, Pag. 19.
  7. Ibid. Pag. 19.
  8. Ibid. Pag. 20.
  9. Ibid. Pag. 20.
  10. Ibid. Pag. 44.
  11. Ibid. Pag. 60.
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